Capital, una incisiva radiografía de la sociedad moderna que ya puedes ver en Orange TV

/ 24 abril, 2018

“Queremos lo que tienes”. Ese es el escueto y misterioso mensaje con el que, cada mañana y desde hace unas semanas, se levantan los vecinos de un barrio acomodado de Londres. También es el punto de partida para el último estreno del canal Sundace TV, ‘Capital’, una mini-serie británica de tres episodios que nos plantea un misterio, pero también una profunda reflexión sobre la sociedad actual. Son sólo tres episodios, pero vaya episodios…

Los contrastes del siglo XXI

Nada tan efectivo para engancharnos desde el primer minuto a una serie que un buen misterio. A priori, un mensaje como ese, recibido por un puñado de familias acomodadas de un barrio bien de la capital británica, no debería entrañar más lecturas: se trata de envidiosos que quieren la casa y las riquezas de la clase alta. Pero esta lectura salta por los aires tan pronto como una familia de inmigrantes paquistaníes que regentan un modesto supermercado, recibe también esa carta, ese mensaje tan directo como perturbador.

¿Qué tienen en común un banquero que se pelea por recibir una bonificación millonaria por parte de su empresa y un joven musulmán que abre cada día su comercio para poder llevar comida a casa? Tal vez ahí se encuentra respuesta a las misteriosas cartas que reciben unos y otros, porque ‘Capital’ va de eso, de los contrastes de la vida moderna, de cómo las sociedades occidentales – y, en concreto, la británica- han cambiado a marchas forzadas en los últimos 20 ó 30 años.

Revolución digital, inmigración, aumento del coste de la vida… ‘Capital’ recoge las diferentes realidades de varias clases sociales, las conjuga con los retos del siglo XXI y nos plantea un misterio que afecta a todos por igual, aunque existen inmensas diferencias en la vida de personas que, irónicamente, comparten calle.

Un ejemplo. En un momento determinado del primer episodio, el personaje interpretado por Toby Jones, el mencionado banquero, mantiene la siguiente conversación con su mujer: “Te sorprenderías de lo poco que se puede hacer hoy con un millón de libras: la escuela de Conrad, las niñeras, tu coche, mi coche, el coche familiar, los impuestos, las pensiones, tus vestiditos, la casa de fin de semana, la ampliación del a casa de fin de semana, vacaciones, la ducha, baldosas de pizarra, la cocina, la ampliación, el sótano, jardineros para ambas casas…”, tras lo cual, la esposa – la actriz Rachael Stirling- responde, indignada: “nombra una de esas cosas que no sea absolutamente necesaria”.

La genialidad está en que, minutos más tarde, ‘Capital’ nos presenta otra realidad, la de una agente de tráfico de Mozambique que recibe una carta de inmigración, en la que se da a entender que podría ser deportada a su país de origen; después, asistimos a un almuerzo de la familia paquistaní que regenta el supermercado del barrio, en la que se discute por las dificultades de pagar las facturas cotidianas.

Para ellos, su problema es la islamofobia, pero también la aparente indiferencia de las autoridades; para el banquero y su mujer, el problema es que la administración se vuelca con los inmigrantes y olvida “a las clases medias”.

Las nuevas relaciones interpersonales

‘Capital’ plantea numerosos puntos de tensión que nos hacen reflexionar, también, sobre los propios ritmos de vida que hemos asumido como normales en las grandes ciudades, y que nos llevan a no visitar a nuestros familiares “porque tardamos dos horas en ir y dos en volver” o porque ya hemos hablado con ellos por teléfono.

Como ese padre que, al llegar a casa tras una larga jornada laboral, tan sólo quiere disfrutar de una copa de vino, así que duerme lo más pronto que puede a su hijo y, en lugar de leerle un cuento, le pone una grabación en CD. O como esa madre a la que sus hijos apenas ven ya, y cuyo contacto con el exterior se reduce cada vez más, hasta el punto de que ya ni siquiera necesita salir a la calle para hacer la compra, porque su hija se la encarga a través de internet.

Todas estas historias y su nexo de unión, las misteriosas cartas, se desarrollan de manera magistral en los citados tres episodios que, ya te adelantamos, vas a querer ver uno detrás de otro y sin pausa.

A ello también contribuye un reparto de actores quizá no muy conocidos, pero verdaderamente solventes y que ayudan a entender los retos de una sociedad multiétnica en la que lo viejo y lo nuevo, lo de aquí y lo de allí, chocan en un clima de incertidumbre ante el futuro.

 

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