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Las películas de los 60 sin las que el cine indie de hoy no se entendería

Si te gusta el séptimo arte estarás de acuerdo: los 60 fueron una década deliciosa, años de creatividad efervescente. Lo dice la ciencia. Y los números no van a engañarnos, ¿verdad? Esta fue la década del cinemascope y el panorámico, del free cinema británico, la Nouvelle Vague francesa o la eclosión autoral del cine italiano: el punto donde el costumbrismo literario chocó de frente contra el realismo sucio visual.

Los 60 fueron los años del estallido del cine japonés, donde un agotado Akira Kurosawa vivió su etapa más oscura, llena de traumas económicos tras enfrentarse a un Hollywood ciego, un marco del que nacerían ‘Los canallas duermen en paz’ (1960), ‘Yojimbo’ (1961) o ‘Sanjuro’ (1962), y que serviría de sustrato para maestros del cine hongkonés como Ringo Lam o John Woo.

Y ahí queremos centrar el foco, en nombres propios. Autores que vivieron al abrigo de grandes clásicos en una década de luces y sombras y hoy son firmas consagradas. La Era Dorada pasó y dio lugar a una cultura convulsa y pletórica de buenas ideas. TCM (canal disponible en Orange TV) y su «cine que ya tenías que haber visto» nos recuerda que este maravilloso medio no nació ayer. No os perdáis ni una.

Banda aparte (1964, Jean-Luc Godard)

¿Se puede agrupar a un montón de cretinos juveniles, ladrones de baja estofa, y crear con ello un relato de romances fugaces y etérea belleza sobre la violencia? Godard podía con cualquier cosa. A este relato le debemos el primer Tarantino, el de ‘Reservoir Dogs’, pero también cintas como ‘Amor a Quemarropa’ y otros subproductos pulp venideros como el trabajo de Mark L. Lester (Class of 84).

Si hablamos de influencia, la de Godard es una larga sombra. ‘Sexo, mentiras y cintas de vídeo’ de Steven Soderbergh le debe no poco a ‘Una mujer es una mujer’ (1961). La ciencia ficción lleva décadas de deuda pendiente con ‘Alphaville’ y ‘Al final de la escapada’ (1960) es, aún hoy, considerada de unas influencias capitales en la industria del celuloide.

Persona (Ingmar Bergman, 1966)

Un último impulso para marcar la historia del cine. La película más mimada tanto en realización como estilo, y la más personal de su carrera, dio a Bergman el crédito definitivo que venía aspirando desde el primer minuto de su carrera.

¿Dónde podemos encontrar la influencia de esta cinta? En ‘Mulholland Drive’ (David Lynch, 2001), sin duda, se desdibuja un relato íntimo igual de oscuro. En ‘Hable con ella’ (Pedro Almodóvar, 2002), se encuentran ecos coloreados. Podemos incluso rastrear su figura hasta ‘Old Boy’ (Park Chan-wook, 2003), donde el complejo de Electra toma tintes shakesperianos.

El muelle (Chris Marker, 1962)

 

Película fundacional donde las haya, este mediometraje (de 29 minutos) de foto fija se ha erigido con los años como un relato clave de la ciencia ficción, por donde pasan autores mayores y menores, desde la ‘Brazil’ o ‘Doce Monos’ de Terry Gilliam —de la que también nació una interesante serie para Syfy— hasta ‘Coherence’ (James Ward Byrkit, 2014).

 

Quizá sea su clave abstrusa, o tal vez su puesta en escena, pero lo que está claro es que su estética ha definido un tipo de cine alucinado y lleno de conspiranoia y viajes en el tiempo. Es decir. Un sustrato narrativo que también podemos encontrar en ‘Los Cronocrímenes’ (2007) de Nacho Vigalondo. Ahí es nada.

Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962)

La cinta con mayor carga política de sus días, la cual removió y promovió el movimiento por los derechos civiles entre los guetos afroamericanos, ha servido de columna vertebral erigiendo discursos similares. Películas como ‘Malcolm X’ (1992), ‘American History X’ (1998), o ‘Gran Torino’ (2008) son clara muestra de ello.

 

Un discurso que hoy se mantiene más vigente que nunca, gracias a cintas como ‘Figuras Ocultas’, ‘Loving’, ‘Moonlight’ o ‘Fences’, todas ellas del pasado año y todas confesas admiradoras del texto original de Harper Lee.

2001: Una odisea del espacio (1968, Stanley Kubrick)

 

Qué podemos decir de una de las cintas capitales de la ciencia ficción, aglutinadora de las tendencias de vanguardia más rompedoras de la época. ¿Descubrimos algo si citamos su influencia en ‘Moon’ (Duncan Jones, 2009) o ‘Ex Machina’ (Alex Garland, 2015)?

 

Es imposible quedarse con una escena, igual que es imposible destacar una sola película que enumere su calado. No en vano estamos hablando de un oscuro texto escrito por el maestro Arthur C. Clarke, defenestrada por un estreno de montaje dilatadísimo —¡161 minutos!— que viviría un puñado de recortes antes de su popularización comercial.

La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968)

Giramos de género y de formas. En este particular podemos concedernos el lujo de invertir la premisa, de apostar por influencias baratas desembocando en superproducciones bastardas.

 

Porque bajo esta fundacional cinta de zombies conviven casi todos los tropos de la literatura moderna del género. Un canon cualquiera podría perseguir hasta ayer mismo: ‘El amanecer de los muertos’ (Zack Snyder,  2004), la española ‘REC’, la apabullante ‘28 Días’, ‘Braindead’, ‘Grindhouse’, ‘La cabaña en el bosque’… tomemos aire para continuar.

Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)

Cuando una película cuenta con su propia transliteración directa —Gus Van Sant repitió plano a plano la original, replicando en color lo que Hitchcock evocaba en blanco y negro— es que estamos, como mínimo, ante una pieza relevante.

 

Psicosis nos enseñó lo que significa “suspense”, la concatenación de elementos y la maestría de planos. Pocos nombres han sido capaz de retransmitir la locura y helar la sangre durante 45 segundos, convirtiéndose en una idea de intercambio entre directores posteriores. ¿Alguna cinta actual que beba a morro de ‘Psycho’? ‘Stoker’ (2013), de Park Chan-Wook sería un ejemplo perfecto para nuevos espectadores.

La jauría humana (Arthur Penn, 1966)

Nuestra historia moderna nos recuerda que, al lado de grandes nombres, siempre conviven otros más pequeños. ‘The Beatles’ VS ‘The Kinks’. Arthur Penn fue junto a Sergio Leone una de las figuras más poderosas en trasladar el violento oeste a la gran pantalla. Algo que aún hoy, con cintas como ‘The Proposition’, podemos rastrear con facilidad.

 

La road movie estalló en manos de este hombre dos años antes de ‘Easy Rider’, gracias a ‘Bonnie & Clyde’, un incómodo relato de gánsteres huidizos que traen de cabeza a la policía de todo el país. Desde ‘Y tu mamá también’ (2001), con un jovencísimo Alfonso Cuarón a la dirección, hasta piezas más recientes como ‘Juno’ o ‘Familia Rodante’, aquí encuentran su gen materno.

 

De ‘La jauría humana’ podríamos decir algo similar, un verdadero fiasco en taquilla que los años trataron regular pero sirvió como zona común para cientos de producciones indie: cualquier cinta donde una pequeña comunidad emane hipocresía e invite a odiar su territorio con todas nuestras fuerzas —desde ‘Dogville’ hasta la estonia ‘The Class’, publicada en 2007 bajo la batuta de Ilmar Raag—. Y así podríamos seguir hasta el ya clásico ‘Frozen River’, de Courtney Hunt.

Repulsión (Roman Polanski, 1965)

Algo similar podríamos decir de esta “cinta menor” que crece y crece en nuestro cerebro según se suceden los años.

La influencia más notoria podemos encontrarla en la actual ‘Twin Peaks’, incluso en sus arcos resolutivos, pero si queremos apostar por el indie debemos citar ‘It Follows’ (2015), un rodaje minimal que presumen de conocer el palimpsesto general de clásicos —’Halloween’, ‘Carrie’— para esconder sus influjos verdaderos. Y esa es sin duda esta ‘Repulsión’, una película con más de medio siglo a cuestas y tan relevante como el día de su estreno.

Como bonus cabe recordar el musical: la ‘Mary Poppins’ de Robert Stevenson, junto al otro Robert —’Sonrisas y lágrimas’ (Robert Wise, 1965)—, han permeado y dado pie a todo ese cine buenista que aún hoy perdura, desde el lacrimógeno John Carney (‘Once’ o la mucho más reciente ‘Sing Street’) hasta esa bola de demolición del Disney adolescente llamada ‘Frozen’ (2013).