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American Gods, no sabes qué está pasando, pero te encanta

Como espectadores, a veces es sencillo pensar que ya lo hemos visto todo, que es difícil que nos sorprendan. Desde luego, cada vez se hacen más producciones en cine y televisión y muchas de ellas de una gran calidad, pero la sorpresa genuina es una emoción que pocas obras tienen el privilegio de provocar. ‘American Gods’ es una de ellas. Por su trama, por la forma de desarrollarla tanto argumental como visualmente, por todos los mensajes y reflexiones implícitas… vamos a diseccionar – sin spoilers, por supuesto-, porqué ‘American Gods’ es una de las series más originales del año.

 

La adaptación de una novela de culto

Hemos perdido la cuenta de cuántas películas y series de televisión recientes son adaptaciones, más o menos fieles, de novelas o cómics – muchas de ellas las puedes disfrutar en el videoclub de Orange TV-. Lo que sí ha quedado demostrado es que una adaptación seria y ambiciosa de una obra de referencia dentro de otra disciplina artística, suele dar como resultado una serie de calidad que no tiene problemas para asentarse entre el público. Es el caso de ‘American Gods’, una adaptación de la novela homónima que el escritor británico Neil Gaiman lanzó en 2001 y que rápidamente se convirtió en uno de los trabajos más celebrados del artista, lo que es decir mucho.

Porque este escritor, conocido por sus obras de fantasía, lleva desde los años 90 creando algunas de las historias más atrevidas de la literatura y la novela gráfica. Muestra de ello es que ha ganado decenas de premios internacionales en diferentes disciplinas, entre ellos varios premios ‘Hugo’, considerados los más prestigiosos dentro del mundo de la fantasía y la ciencia-ficción. Por citar solo uno de sus trabajos más queridos, tal vez su ‘criatura’ más famosa sea la serie de cómics ‘The Sandman’, una obra de la que ‘American Gods’ bebe mucho.

 

Conocerás al hombre por su Dios

Gaiman siempre ha sido un autor desafiante al que no le gusta poner las respuestas en bandeja a los lectores. Se nota en sus trabajos previos y se nota en esta adaptación, bastante fiel, de ‘American Gods’. Lo normal es que durante los primeros capítulos de la serie el espectador se sienta bastante perdido entre un reparto de personajes a cada cual más fantástico. Además, tampoco ayuda a despejar las incógnitas una forma narrativa que salta del pasado al presente con gran alegría. En definitiva, es el espectador el que tiene que atar los muchos cabos sueltos que componen esta madeja argumental.

Esos cabos iniciales nos presentan a Shadow Moon – Ricky Whittle-, un convicto que está a punto de salir de prisión cuando se entera de que su mujer Laura – Emily Browning- ha fallecido. Es en el viaje de regreso a casa cuando Moon se encuentra con un misterioso personaje que le invita a trabajar para él, el señor Miércoles – Ian McShane-. A partir de ahí comienzan a sucederse toda una serie de situaciones fantásticas que terminarán por descubrirle a Moon que los dioses son muy, pero que muy reales.

Y aquí es donde empieza el verdadero epicentro de la historia que nos quiere contar Gaiman, que nos pone en ruta por Estados Unidos para ir descubriendo dioses nuevos y antiguos y la influencia que estos tienen sobre los hombres… o al revés. Porque una de las ideas que subyacen en cada capítulo es la relación entre la Humanidad y sus deidades, compleja y cambiante a lo largo de la Historia. ¿Hasta qué punto moldea la fe al mundo? ¿Qué influencia tienen nuestras creencias en lo que denominamos ‘realidad’?

En ‘American Gods’ también hay espacio para reflexionar sobre la inmigración – uno de los grandes temas de la serie-, las relaciones interpersonales y toda una rica mitología que no tiene miedo a saltar de continente a continente. Pero todo eso lo tiene que ir ‘escarbando’ el espectador, al que se le dan las piezas pero no el libro de instrucciones. Ahí reside la magia de esta obra, que destila ironía y toques de humor negro a cada ocasión que puede.

 

La belleza visual de la fantasía

Ya solo los créditos de ‘American Gods’ merecen un artículo para ellos por su riqueza visual, por el derroche de creatividad que suponen. Pero son un aperitivo para lo que ofrece cada capítulo, cuidado en la narrativa audiovisual hasta el más mínimo detalle. ¿Efecto especiales? Sí, los hay a granel y ayudan a que el espectador se quede con la sensación de estar viendo un sueño, una representación onírica de la que no se puede despertar. Además, a ello contribuye una paleta de colores oscura cuando es necesario y vibrante en los momentos indicados.

Por todo lo contado en las líneas anteriores, queda claro que ‘American Gods’ no es un producto para todo el mundo. Es una serie de nicho que tiene todas las papeletas para convertirse de culto y ofrecer momentos muy espectaculares en televisión, todo depende de cómo se desarrolle una segunda temporada que promete mucho tras todos los acontecimientos vividos en la primera.